Líderes sociales en Colombia estarán más protegidos

Un tribunal de Bogotá ha ordenado tomar medidas especiales de protección para todos los líderes sociales de Colombia. A pesar de esta resolución, los defensores de derechos humanos han advertido que apelarán para que de hecho, la Corte Suprema les brinde soluciones de fondo a la problemática.

Lo que sucede es que el 10 de diciembre de 2019, 10 líderes sociales de todo el país, interpusieron una acción de tutela. Lo hicieron ante el Tribunal de Bogotá y con el objetivo de exigirle al gobierno que cumpla con todas las garantías de seguridad para los que luchan en defensa de los derechos humanos y que están contempladas en el Acuerdo de Paz.

Mayor protección para líderes sociales

Estos líderes sociales también exigen que se declare la existencia del derecho a defender los derechos, algo que en la actualidad no puede ser posible realizar en la situación que atraviesa el país.

Tras varios días de analizar la acción de tutela, los magistrados del Tribunal de Bogotá acordaron acceder a gran parte de las peticiones de los líderes sociales. Al mismo tiempo también reconocieron que todas aquellas personas que ejercen como líderes en el país, constantemente ven vulnerados sus derechos más fundamentales.

¿Qué dice la tutela de acción interpuesta por los líderes?

De acuerdo con la tutela de acción, este derecho a defender los derechos de los líderes sociales, que simplemente significa que los líderes puedan ejercer su labor, es actualmente reconocido a nivel internacional.

No solo eso, tiene también un asidero jurídico. Es decir, por un lado se establece que todo derecho fundamental involucra el derecho a defenderlo para garantizar que se lleve a cabo.

Esto quiere decir que cualquier persona debería ser capaz de gozar de todas las condiciones necesarias para poder exigir el acceso a sus derechos. Tener la oportunidad de buscar espacios para establecer un dialogo, así como espacios para poder denunciar cualquier intento de violación a sus derechos.

Por otro lado, dicha exigencia que llevan a cabo los líderes, también es una manera de que la ciudadanía participe, lo cual de igual forma es un derecho.

En la tutela participaron líderes reconocidos de Valle del Cauta, Putumayo, Córdoba, Antioquia, Cauca, entre otros más. Todos ellos además contaron con el apoyo de diferentes colectivos y organizaciones que también buscan garantías.

Uno de dichos colectivos es la Coordinación Colombina Europa Estados Unidos, la Alianza de Organizaciones Sociales, la Cumbre Agraria y la Plataforma Colombiana de Derechos Humanos.

Todos ellos a su vez contaron con el asesoramiento de la Comisión Colombiana de Juristas, así como la Comisión Colombiana de Justicia, entre otras organizaciones.

 

Las conclusiones del Tribunal

Luego de analizar a detalle cada uno de los casos presentados, el Tribunal llegó a la conclusión de que ciertamente los líderes sociales están siendo asediados por la violencia en sus localidades.

Los magistrados han hecho hincapié en que nadie debe estar obligado a vivir con temor o amenazas, incluso un miedo constante a salir de sus hogares, simplemente por expresar sus opiniones, su condición social, incluso por su género o su raza.

Por todo ello, el Tribunal ordenó que se lleven a cabo un conjunto de medidas orientadas a garantizar mayor protección para los líderes.

Teatro en la cama

Una investigación del sexólogo colombiano Alonso Acuña revela que el 13% de los hombres finge el orgasmo.

ES UNA CREENCIA generalizada y una realidad muchas veces confirmada, que la mujer tiende con frecuencia a fingir el orgasmo. Así lo demuestran diversos estudios que indican que entre el 50 y el 75% de las mujeres lo hacen. Un asunto en el cual los hombres han pasado de agache, a pesar de que ellos a veces también recurren al engaño para salir bien librados de sus faenas en la cama.

«No me parece muy caballeroso ver que ella ya llegó mientras yo sigo ahí sin lograrlo -dice un soltero de 36 años-. Por eso algunas veces prefiero fingir, emitir algunos gemidos y luego ir rápido al baño a quitarme el condón para que ella no note que está vacío». Por lo general le sucede cuando ha tomado unos tragos de más, lo que corrobora el refrán que dice que «se demora más que polvo de borracho».

Un estudio del sexólogo colombiano Alonso Acuña -publicado en la revista brasileña de salud sexual y reproductiva Arquivos H. Ellis-, arroja luces sobre las razones por las cuales los hombres también fingen sus orgasmos.

Tras analizar una muestra de 1.495 hombres colombianos entre 40 y 65 años, el investigador llegó a la conclusión de que el 13% de los entrevistados ha fingido orgasmos y por varios motivos.

El 40% lo hace o ha hecho por lo que se conoce como inhibición eyaculatoria, algo así como «quiero pero no puedo», fenómeno que generalmente se explica por problemas de ansiedad, alcohol o edad avanzada. Y el resto, por un «puedo pero no quiero», que obedece a varios motivos, entre ellos evitar un embarazo, presumir o reservarse para otra ocasión u otra mujer.Que las mujeres pueden fingir con facilidad el orgasmo no se debe a sus superiores habilidades histriónicas, sino a que en ellas el clímax no deja evidencia tan rotunda como la del hombre.

Por eso el éxito de la simulación de un varón depende, en buena medida, de que use condón y evite ser cogido en flagrancia, de que haya convencido a su pareja de que es un maestro del sexo tántrico que puede controlar la eyaculación, o de que tenga eyaculaciones retrógradas -hacia adentro- como les sucede a hombres a quienes les han extirpado la próstata.

Las razonesFingir como consecuencia de una inhibición eyaculatoria, condición que afecta a cuatro de cada 10 simuladores de orgasmos, puede ser síntoma de algo más complicado y afectar la calidad de vida del hombre que lo sufre, de la misma forma en que ve alterada su vida el que se enfrenta al problema opuesto: la eyaculación precoz.La inhibición se caracteriza por la imposibilidad de alcanzar el orgasmo a pesar de la excitación y la firmeza de la erección.

«Es uno de los temas más complicados de la sexología moderna -señala Alonso Acuña-. No lo hemos acabado de resolver, porque tiene múltiples causas como la edad, las alteraciones del sistema nervioso, el alcoholismo o el rechazo a la pareja».

Una situación que incluso puede llevar a que el hombre termine buscando el orgasmo pero mediante la masturbación.ALGUNOS HOMBRES FINGEN EL ORGASMO POR CONVENIENCIA, PARA AHORRAR BRÍOS CON UNA MUJER Y GASTARLOS CON OTRA.Sin embargo no siempre el problema es grave, pues hay muchos casos en que la inhibición eyaculatoria se debe a circunstancias momentáneas como el consumo de alcohol, fatiga, tensión o haber tenido múltiples relaciones sexuales en poco tiempo.De hecho, Acuña descubrió en su investigación que un buen número de hombres finge el orgasmo por simple conveniencia, como un método de planificación familiar más efectivo que el tradicional coitus interruptus, y que otros obedecen a una especie de «síndrome del ahorro», una curiosa manera de ahorrar bríos con una mujer para gastarlos con otra.

En efecto, algunos encuestados confesaron fingir con la esposa para lucirse con la amante, y otros dijeron fingir con la amante para evitar levantar sospechas en la esposa.

Pero otros lo hacen por generosidad con la pareja, y por eso en ocasiones se la juegan por el amor sincronizado y simulan el orgasmo cuando ella se les adelanta. Unos más hacen el simulacro para salir del tema ante la anorgasmia de su pareja, y otros hacen teatro por previsivos, por miedo a que la erección no dure suficiente o porque tienen en mente una segunda relación.Lo curioso de todo esto es que el estudio revela que a las mujeres les importa poco que sus parejas finjan el orgasmo. Así lo confirma el 80% de los encuestados que fueron descubiertos y que aseguraron no haber recibido reproche alguno.

¿Por qué? Tal vez porque ellas saben de qué se trata y por eso no les resulta difícil ponerse en los zapatos del otro. 62%DE LAS MUJERES colombianas finge el orgasmo, según un estudio de Alonso Acuña realizado en 1988.

El 80% de ellas lo hace ocasionalmente y el 20% frecuentemente. 

TABLA DE FINGIDORES

De los 1.495 encuestados, el 13% ha fingido un orgasmo:Algunas

veces      70%Con frecuencia    10.8%Una vez                 19.1%

El cataclismo de Dámocles

Gabriel García Márquez pronunció el siguiente discurso el 6 de agosto de 1986, en el aniversario 41 de la bomba de Iroshima. CAMBIO lo reproduce ahora que reaparece en el mundo la amenaza de una guerra.

Un minuto después de la última explosión, más de la mitad de los seres humanos habrá muerto, el polvo y el humo de los continentes en llamas derrotarán a la luz solar, y las tinieblas absolutas volverán a reinar en el mundo. Un invierno de lluvias anaranjadas y huracanes helados invertirá el tiempo de los océanos y volteará el curso de los ríos, cuyos peces habrán muerto de sed en las aguas ardientes, y cuyos pájaros no encontrarán el cielo. Las nieves perpetuas cubrirán el desierto del Sahara, la vasta Amazonía desaparecerá de la faz del planeta destruido por el granizo, y la era del rock y de los corazones transplantados estará de regreso a su infancia glacial. Los pocos seres humanos que sobrevivan al primer espanto, y los que hubieran tenido el privilegio de un refugio seguro a las tres de la tarde del lunes aciago de la catástrofe magna, sólo habrán salvado la vida para morir después por el horror de sus recuerdos. La Creación habrá terminado. En el caos final de la humedad y las noches eternas, el único vestigio de lo que fue la vida serán las cucarachas.

Señores presidentes, señores primeros ministros, amigas, amigos:

Esto no es un mal plagio del delirio de Juan en su destierro de Patmos, sino la visión anticipada de un desastre cósmico que puede suceder en este mismo instante: la explosión -dirigida o accidental- de sólo una parte mínima del arsenal nuclear que duerme con un ojo y vela con el otro en las santabárbaras de las grandes potencias.

La Creación habrá terminado. En el caos final de la humedad y las noches eternas, el único vestigio de lo que fue la vida serán las cucarachas.

Así es: hoy, 6 de agosto de 1986, existen en el mundo más de 50.000 ojivas nucleares emplazadas. En términos caseros, esto quiere decir que cada ser humano, sin excluir a los niños, está sentado en un barril con unas cuatro toneladas de dinamita, cuya explosión total puede eliminar 12 veces todo rastro de vida en la Tierra. La potencia de aniquilación de esta amenaza colosal, que pende sobre nuestras cabezas como un cataclismo de Damocles, plantea la posibilidad teórica de inutilizar cuatro planetas más que los que giran alrededor del Sol, y de influir en el equilibrio del Sistema Solar. Ninguna ciencia, ningún arte, ninguna industria se ha doblado a sí misma tantas veces como la industria nuclear desde su origen, hace 41 años, ni ninguna otra creación del ingenio humano ha tenido nunca tanto poder de determinación sobre el destino del mundo.

El único consuelo de estas simplificaciones terroríficas -si de algo nos sirven-, es comprobar que la preservación de la vida humana en la Tierra sigue siendo todavía más barata que la peste nuclear. Pues con el sólo hecho de existir, el tremendo Apocalipsis cautivo en los silos de muerte de los países más ricos está malbaratando las posibilidades de una vida mejor para todos.

En la asistencia infantil, por ejemplo, esto es una verdad de aritmética primaria. La UNICEF calculó en 1981 un programa para resolver los problemas esenciales de los 500 millones de niños más pobres del mundo, incluidas sus madres. Comprendía la asistencia sanitaria de base, la educación elemental, la mejora de las condiciones higiénicas, del abastecimiento de agua potable y de la alimentación. Todo esto parecía un sueño imposible de 100.000 millones de dólares. Sin embargo, ese es apenas el costo de 100 bombarderos estratégicos B-1B, y de menos de 7.000 cohetes Crucero, en cuya producción ha de invertir el gobierno de los Estados Unidos 21.200 millones de dólares.

En la salud, por ejemplo: con el costo de 10 portaviones nucleares Nimitz, de los 15 que van a fabricar los Estados Unidos antes del año 2000, podría realizarse un programa preventivo que protegiera en esos mismos 14 años a más de 1.000 millones de personas contra el paludismo, y evitara la muerte -sólo en África- de más de 14 millones de niños.

En la alimentación, por ejemplo: el año pasado había en el mundo, según cálculos de la FAO, unos 565 millones de personas con hambre. Su promedio calórico indispensable habría costado menos de 149 cohetes MX, de los 223 que serán emplazados en Europa Occidental. Con 27 de ellos podrían comprarse los equipos agrícolas necesarios para que los países pobres adquieran la suficiencia alimentaría en los próximos cuatro años. Ese programa, además, no alcanzaría a costar ni la novena parte del presupuesto militar soviético de 1982.

En la educación, por ejemplo: con sólo dos submarinos atómicos tridente, de los 25 que planea fabricar el gobierno actual de los Estados Unidos, o con una cantidad similar de los submarinos Typhoon que está construyendo la Unión Soviética, podría intentarse por fin la fantasía de la alfabetización mundial. Por otra parte, la construcción de las escuelas y la calificación de los maestros que harán falta al Tercer Mundo para atender las demandas adicionales de la educación en los 10 años por venir, podrían pagarse con el costo de 245 cohetes Tridente II, y aún quedarían sobrando 419 cohetes para el mismo incremento de la educación en los 15 años siguientes.

Puede decirse, por último, que la cancelación de la deuda externa de todo el Tercer Mundo, y su recuperación económica durante 10 años, costaría poco más de la sexta parte de los gastos militares del mundo en ese mismo tiempo. Con todo, frente a este despilfarro económico descomunal, es todavía más inquietante y doloroso el despilfarro humano: la industria de la guerra mantiene en cautiverio al más grande contingente de sabios jamás reunido para empresa alguna en la historia de la humanidad. Gente nuestra, cuyo sitio natural no es allá sino aquí, en esta mesa, y cuya liberación es indispensable para que nos ayuden a crear, en el ámbito de la educación y la justicia, lo único que puede salvarnos de la barbarie: una cultura de la paz.

A pesar de estas certidumbres dramáticas, la carrera de las armas no se concede un instante de tregua. Ahora, mientras almorzamos, se construyó una nueva ojiva nuclear. Mañana, cuando despertemos, habrá nueve más en los guadarneses de muerte del hemisferio de los ricos. Con lo que costará una sola alcanzaría -aunque sólo fuera por un domingo de otoño- para perfumar de sándalo las cataratas del Niágara.

El tremendo Apocalipsis cautivo en los silos de muerte de los países más ricos está malbaratando las posibilidades de una vida mejor para todos.

Un gran novelista de nuestro tiempo se preguntó alguna vez si la Tierra no será el infierno de otros planetas. Tal vez sea mucho menos: una aldea sin memoria, dejada de la mano de sus dioses en el último suburbio de la gran patria universal. Pero la sospecha creciente de que es el único sitio del Sistema Solar donde se ha dado la prodigiosa aventura de la vida, nos arrastra sin piedad a una conclusión descorazonadora: la carrera de las armas va en sentido contrario de la inteligencia.

Y no sólo de la inteligencia humana, sino de la inteligencia misma de la naturaleza, cuya finalidad escapa inclusive a la clarividencia de la poesía. Desde la aparición de la vida visible en la Tierra debieron transcurrir 380 millones de años para que una mariposa aprendiera a volar, otros 180 millones de años para fabricar una rosa sin otro compromiso que el de ser hermosa, y cuatro eras geológicas para que los seres humanos a diferencia del bisabuelo pitecántropo, fueran capaces de cantar mejor que los pájaros y de morirse de amor. No es nada honroso para el talento humano, en la edad de oro de la ciencia, haber concebido el modo de que un proceso milenario tan dispendioso y colosal, pueda regresar a la nada de donde vino por el arte simple de oprimir un botón. Para tratar de impedir que eso ocurra estamos aquí, sumando nuestras voces a las innumerables que claman por un mundo sin armas y una paz con justicia. Pero aún si ocurre -y más aún si ocurre-, no será del todo inútil que estemos aquí. Dentro de millones de millones de milenios después de la explosión, una salamandra triunfal que habrá vuelto a recorrer la escala completa de las especies, será quizás coronada como la mujer más hermosa de la nueva creación. De nosotros depende, hombres y mujeres de ciencia, hombres y mujeres de las artes y las letras, hombres y mujeres de la inteligencia y la paz, de todos nosotros depende que los invitados a esa coronación quimérica no vayan a su fiesta con nuestros mismos terrores de hoy. Con toda modestia, pero también con toda la determinación del espíritu, propongo que hagamos ahora y aquí el compromiso de concebir y fabricar un arca de la memoria, capaz de sobrevivir al diluvio atómico. Una botella de náufragos siderales arrojada a los océanos del tiempo, para que la nueva humanidad de entonces sepa por nosotros lo que no han de contarle las cucarachas: que aquí existió la vida, que en ella prevaleció el sufrimiento y predominó la injusticia, pero que también conocimos el amor y hasta fuimos capaces de imaginarnos la felicidad. Y que sepa y haga saber para todos los tiempos quiénes fueron los culpables de nuestro desastre, y cuán sordos se hicieron a nuestros clamores de paz para que esta fuera la mejor de las vidas posibles, y con qué inventos tan bárbaros y por qué intereses tan mezquinos la borraron del Universo.n

(c) GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Uscátegui acusa

En una charla grabada, el principal sindicado por la masacre de Mapiripán se defiende y revela nexos de otros generales con paramilitares.

En una pequeña pero cómoda vivienda fiscal en la Escuela de Caballería del Ejército, al norte de Bogotá, el general (r) Jaime Alberto Uscátegui espera impaciente que llegue el martes 20 de abril. Si no se presenta una nueva interrupción, ese día el ex comandante de la VII brigada, con sede en Villavicencio, comparecerá ante uno de los juzgados especializados de esa ciudad, donde será procesado en audiencia pública por su presunta participación en la masacre de Mapiripán, Meta, en julio de 1997, en la que 30 campesinos fueron cruelmente asesinados.

En la soledad de su detención, Uscátegui se prepara para la defensa final de su caso y para ello tiene varios ases bajo la manga. Les ha dicho a sus más cercanos amigos: «Yo no me dejo condenar a 40 años de prisión». Y es que el general dice tener razones de peso para vincular a quienes entonces eran sus jefes no lo ayudan a salir de la encrucijada en que se encuentra. CAMBIO tuvo acceso a una grabación, realizada en julio de 2003, en la que Uscátegui se destapa y pone las cartas sobre la mesa.

La masacre

El proceso por la masacre de Mapiripán es uno de los expedientes criminales más complicados de la reciente historia judicial, porque en él aparecen involucrados militares de alto, medio y bajo nivel que, al parecer, actuaron en complicidad con grupos paramilitares dirigidos desde Urabá por Carlos Castaño.

Por la época de los hechos, mediados de 1997, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá crearon el frente Guaviare para ha-cerles frente a las Farc que con boleteos, extorsiones, secuestros, retenes y amenazas permanentes habían irrumpido en Meta y Guaviare y tenían acorralados a sus habitantes. El epicentro de la lucha por el control del territorio cultivado de coca estaba en el municipio de Mapiripán y en su corregimiento La Cooperativa, en Meta, donde varios frentes subversivos actuaban a sus anchas.

«Yo no me dejo condenar a 40 años de prisión». General (r) Jaime Alberto Uscátegui

Los planes de Castaño y los otros jefes paramilitares se cumplieron al mediodía del 12 de julio de 1997. En el pequeño aeropuerto de San José del Guaviare aterrizaron las aeronaves DC3-3993 P y HK-4009X, provenientes de Necoclí y Apartadó con cerca de 20 hombres a bordo, armados y vestidos con uniformes de fa- tiga. Los hombres descendieron de las na-ves y emprendieron la marcha para cumplir con su macabra misión.

Se detuvieron durante algunas horas en el balneario Agua Bonita y luego partieron hacia un lugar conocido como Trocha Ganadera, donde se encontraron con 180 hombres del frente Guaviare de las Auc que estaban esperándolos. Divididos en grupos, por tierra y por el río hacia Mapiripán, llegaron el 15 de julio a La Cooperativa. En los siguientes cinco días, los paramilitares paralizaron la población: retuvieron a los campesinos, cerraron las tiendas y ordenaron suspender las actividades en las oficinas públicas. Luego perpetraron la masacre.

Las investigaciones posteriores permitieron establecer que las Auc condujeron a las víctimas a los mataderos de las dos poblaciones y que allí las descuartizaron y luego las arrojaron a las aguas del río Guaviare. Inicialmente sólo aparecieron los cuerpos de 10 campesinos, pero Carlos Castaño reconoció la ejecución de 49 y, más tarde, las autoridades establecieron en 30 el número de muertos.

Doble aviso



Leonardo Cortés Novoa

En la mañana del 21 de julio quedó al descubierto la crueldad de los asesinos, y entonces empezaron los señalamientos y el juicio de responsabilidades contra la Fuerza Pública acantonada en la región. Los investigadores de la Fiscalía no tardaron en establecer que el mismo día del arribo de los paramilitares, el juez de Mapiripán, Leonardo Cortés Novoa, había visitado al coronel Hernán Orozco, comandante (e) del batallón Joaquín París –con sede en esa población– para informarle que las Auc habían llegado para asesinar a campesinos que consideraban aliados de la guerrilla.

El coronel Orozco confrontó la versión del juez y confirmó que algo grave estaba por ocurrir. Entonces se comunicó por teléfono con el general Uscátegui para suministrarle la información que tenía y para solicitarle apoyo para enfrentar a los paramilitares, pues no tenía tropas a su disposición. El oficial reiteró la petición al día siguiente, 16 de julio, mediante un documento –el número 2919– de 10 puntos, en el que dejaba constancia: «Pronostico en los próximos días una serie de matanzas y asesinatos entre algunos pobladores de la antes mencionada ciudad». El informe fue enviado esa tarde por fax al despacho del general Uscátegui en el comando de la VII brigada, en Villavicencio.

La defensa de Uscátegui se centró en demostrar que no tenía mando sobre Mapiripán.

La Fiscalía estableció también que los paramilitares habían aterrizado sin problemas en el pequeño aeropuerto de San José, controlado por tropas del Ejército y por la Policía Antinarcóticos, que tiene allí una base, pero que no había quedado registro alguno de la llegada de los aviones ni de los pasajeros, pese a que esa inspección era obligatoria.

Siguiendo las pistas, una tras otra, en las semanas siguientes los investigadores establecieron que el jefe del grupo paramilitar era Luis Hernando Méndez, René, quien se había hecho cargo de que no quedara registro del aterrizaje de las aeronaves y había organizado el traslado de los paramilitares hasta Mapiripán, y además identificaron como partícipes en la masacre a Miguel Enrique Vergara, Cepillo; José Pastor Gaitán Ávila; Édison Londoño Niño; Gilberto Yaguará Cuéllar, y Pedro Conde Anaya, entre otros. Finalmente, la Fiscalía halló responsables a los sargentos del Ejército José Miller Ureña, Juan Carlos Gamarra y Jorge Luis Almería, que tenían a su cargo el aeropuerto de San José el día en que aterrizaron los aviones.

Uscátegui vs. Orozco

Tras la identificación de los autores materiales y de sus cómplices, la atención de la justicia, de las ONG y de los medios se centró en el general Uscátegui, acusado de omisión por no haber enviado tropas a la zona, a pesar de las advertencias del coronel Orozco. Aunque Uscátegui rechazó las acusaciones, el asunto se le enredó aun más cuando se conoció que mediante presiones, había logrado que el comandante del batallón Joaquín París modificara el oficio 2919 para que quedara la expresión «presuntos paramilitares». La maniobra quedó al descubierto y tras una larga batalla jurídica, el coronel Orozco logró probar que había una grave amenaza contra su vida y contra su familia, razón por la cual fue sacado del país con el apoyo de algunas organizaciones de derechos humanos respaldadas por la OEA.

La defensa del general (r) Uscátegui se centró, entonces, en demostrar que la VII brigada a su cargo no tenía mando operacional sobre Mapiripán, porque no lejos de allí operaba la Brigada Móvil 2, en proceso de reentrenamiento, al mando del coronel Lino Pinzón. Según Uscátegui, él no actuó porque supuso que el coronel Orozco le había informado a Pinzón sobre la presencia de los para-militares. Pero el argumento fue desestimado porque la Fiscalía recibió una certificación firmada por el entonces comandante del Ejército, general Jorge Enrique Mora, en la cual aseguraba que cuando ocurrió la matanza, el batallón comandado por Orozco dependía de la VII brigada y que la Brigada Móvil 2 no tenía una jurisdicción específica (ver recuadro).

» Ustedes saben que soy inocente y han dejado ir esto muy lejos. «

«Entonces hagámonos pasito… » General Uscátegui

Finalmente, el 10 de marzo de 2003 la Unidad de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la Fiscalía llamó a juicio al general Uscátegui como presunto autor por omisión, de los delitos de homicidio agravado, secuestro agravado y falsedad en documento público. En la misma providencia, absolvió de esos cargos al coronel Orozco y sólo lo acusó de falsedad en documento público.

El general Uscátegui consideró injusta la decisión de la Fiscalía y aseguró que, en su concepto, los directos responsables de la matanza de Mapiripán habían sido los coroneles Pinzón y Orozco. Entonces, decidió defenderse de dos maneras: a través de la justicia, mediante el recurso de apelación ante las fiscalías delegadas en el Tribunal Superior de Bogotá, y mediante la presión a sus superiores en busca de ayuda.

La segunda estrategia de Uscátegui queda al descubierto en la grabación obtenida por CAMBIO, realizada en julio del año pasado. En la conversación con una persona cuya voz no se identifica, el militar deja claro que, si el alto mando militar no lo ayuda, sacará a relucir pruebas que no dejan duda sobre la cercanía del Ejército con las autodefensas. «Vea, mi general, yo ya estoy mamado de esto. Ustedes saben que yo soy inocente y han dejado ir esto muy lejos. Entonces hagámonos pasito… hagámonos pasito», dice Uscátegui en la grabación, refiriéndose a una conversación que dice haber sostenido con el general Mora (ver recuadro). No cabe duda de que las declaraciones de Uscátegui volverán a poner sobre el tapete la masacre de Mapiripán, sobre la cual aún queda mucho por aclarar.

CAMBIO intentó contactar al general Mora, el jueves pasado, para oír su versión de los hechos, pero le informaron que el general había viajado para hacerse cargo de la Embajada de Colombia en Corea del Sur.

Lo que dice el general Uscátegui

CAMBIO transcribe los apartes más significativos de la grabación en la que el general hace importantes revelaciones sobre la masacre de Mapiripán.

«El juicio será mi gloria. Y si me voy a juicio va a ser una cuestión mucho más grave que el proceso 8.000. Mejor dicho, va a ser más grave que todo lo que ha sucedido en Colombia. Con esta cuestión (la masacre de Mapiripán), ya descubrí qué fue lo que pasó. Es sumamente grave, gravísimo, porque se comprobó una cuestión que nosotros toda la vida hemos negado, que es el vínculo de los militares con los paramilitares. Afortunadamente fueron esos mandos medios ¿no?, pero no deja de ser una realidad».

-«Hubo una cosa muy particular. Parece que en la Fiscalía, en la Procuraduría, en la Presidencia de la República, saben que allá sucedieron cosas muy terribles y cosas gravísimas para el Ejército y para el país. Y pueden tumbarnos el Plan Colombia. Eso ya no es de los cinco millones que nos negaron ahora, nos tumban los 600 y acaba con todo. Yo sé muchas cosas, demasiadas… Sin estar allá en San José del Guaviare, me enteré de muchas cosas que están en el proceso, pero están como en una cápsula porque no conviene que salgan a la luz pública».

-«Aquí vino el general Mora a hablar conmigo. Yo le dije: vea mi general, usted sabe que yo soy inocente, yo estoy esperando que este fiscal tumbe eso, pero si no lo tumba, yo me voy a juicio y no me voy a dejar meter 40 años. Lo que yo sé ya está en el proceso, lo que pasa es que lo tienen tapado porque no quieren que trascienda, pero lo que está ahí lo hago público si voy a juicio».

-«La ex esposa del sargento Carlos Gamarra, quien está detenido en una celda en el batallón de Policía Militar, fue a la Fiscalía y dijo que en el computador de él había cosas raras. El sargento Gamarra trabajaba en inteligencia en el batallón París. La Fiscalía fue y en un allanamiento revisó el computador. Tenía 58 disquetes y no había muchas cosas de valor. Pero la Fiscalía no es torpe y mandó el computador con disquetes y todo a la embajada americana, a esta señora Anne Patterson, quien mandó el computador a Miami. Allá nombraron un especialista en sistemas y computadores que utilizó unos códigos azules que no son comerciales y descifró absolutamente todo y sacó 300 documentos. Esos documentos no pueden salir porque son una bomba».

-«¿Qué hay en los 300 documentos? Yo los tengo porque llegaron a mi proceso y los pude sacar: los panfletos que entregaron las autodefensas en la masacre de Mapiripán los hicieron en ese computador en el batallón París. Igual hicieron con los panfletos que entregaron ocho meses después en Puerto Alvira, que es un municipio de Mapiripán… (sic) en esa brigada estaba Freddy Padilla de León. Los reglamentos de las Autodefensas Unidas de Colombia los hacían en ese computador. Por ejemplo, cogían un reglamento de Régimen Disciplinario para las Fuerzas Militares y le borraban donde decía Fuerzas Militares y le colocaban para los Miembros de las Auc».

-«En ese computador también estaban las planillas de pago mensuales, las nóminas de todo el frente Guaviare de las Auc, que eran 93 hombres y mujeres con los alias, sus cargos y lo que devengaban. Las amenazas al fiscal Virgilio Hernández Castellanos diciéndole que suspenda esa investigación, porque si no su árbol genealógico desaparecerá del mapa. Amenazas a Alfonso Gómez Méndez tratándolo de pícaro; a ganaderos; extorsiones a los Rodríguez Orejuela dándoles las gracias por la plata que ellos les han dado. Mejor dicho, uno solo de esos documentos sale a los medios y es un escándalo».

-«Entonces le dije aquí a mi general Mora: vea mi general, yo ya estoy mamado de esto. Ustedes saben que yo soy inocente y han dejado ir esto muy lejos. Entonces hagámonos pasito… hagámonos pasito. Yo estoy esperando que esta fiscal me precluya porque es justo, pero si ustedes no pueden hacer nada, no hagan nada… yo me voy a juicio. Pero la cosa es seria porque los documentos son gravísimos.»

-«En ese computador hicieron una contraseña, un código de comunicaciones para el jefe de los paramilitares que actuó allá, un cabo primero del Ejército, retirado, que venía de Urabá. Los aviones que transportaron la carga y los paramilitares salieron del aeropuerto Los Cedros en Urabá y del aeropuerto de Necoclí. En uno venían paras y en otro venía la carga. Las declaraciones de la Policía, que están allí escondidas en el proceso, dicen que los paramilitares salieron escoltados por el Ejército Nacional, o sea que el vínculo con los paramilitares no sólo era en el Guaviare, sino que venía desde el Urabá antioqueño. ¡Berraquísimo!».

-«Todo eso está ahí. Le dije: mire, mi general Mora, le voy a poner a usted un ejemplo muy sencillo: resulta que en San José del Guaviare había una red de inteligencia militar organizada por un teniente que tenía gente en Mapiripán. El teniente fue el primero que se enteró cuando llegaron los paramilitares. Los tres agentes de Mapiripán lo llamaron por teléfono y le dijeron que acababan de llegar 80 hombres de las Autodefensas Unidas de Colombia. El teniente les informó por fax al coronel Orozco y al coronel Lino Sánchez. Esta gente no hizo nada ni difundió el documento. Esto fue el 15 de julio, el mismo día que llegaron los paras».

-«El 21 de julio, el teniente les mandó otro fax en el que les informó cuáles fueron los resultados de la masacre. El Ejército tiene una figura… el Ejército dice que fueron tres muertos y efectivamente no se encontraron sino tres cadáveres. Se habla de desapariciones, pero no hay denuncias de eso. El único que dice que hubo cuarenta y pico de muertos es Carlos Castaño Gil, pero a él no se le cree porque es un bandido».

-«Resulta que en este documento el teniente dice que los muertos pasaron de 30 y que utilizaron técnicas macabras, machetazos, sierras y después los quemaron con ácidos y las cenizas las echaron al río. Eso es cierto, pero ese documento también lo escondieron».

-«Entonces el teniente les dice a la brigada Móvil 2 y al batallón París que los paras estaban a ocho kilómetros de San José del Guaviare, pero no actuaron. Venían de salida, los podían haber cogido y se había arreglado en algo el problema. Después el teniente les dice a Orozco y a Lino que vienen las Farc porque el Mono Jojoy las mandó de La Macarena a golpear a los paramilitares».

-«¿Qué hizo la Móvil 2? Una operación gigantesca y aplastó a las Farc y colocó un colchón de aire o de seguridad para que se salieran los paras. Esto es gravísimo y es un secreto. Entonces el general Mora se quedó azul y yo le dije: mire, mi general, lo que yo le estoy diciendo es con pruebas. ¿Qué cara van a poner los representantes de las Farc cuando yo vaya a la Corte Suprema de Justicia y les diga: Vea, el Ejército no sólo tiene vínculos, no sólo no los combatió, sino que combatió a las Farc para que no golpearan a los paras por habérseles metido a su territorio?».

El caso de Lino Sánchez

Los magistrados de la sala penal del Tribunal Superior de Bogotá tienen en sus manos otro caso relacionado con la masacre de Mapiripán. Se trata de la apelación del fallo de primera instancia mediante el cual fue condenado a 40 años de cárcel el coronel Lino Sánchez Prado, comandante (e) de la brigada móvil 2 que estaba en reentrenamiento a ocho horas, por tierra, de donde ocurrió la matanza.

Sánchez fue vinculado al proceso en marzo de 1999, 20 meses después de la incursión paramilitar, por un informe de la Policía Antinarcóticos que decía que el coronel había contactado a un oficial de la Policía en San José del Guaviare para que facilitara el aterrizaje de las aeronaves procedentes de Urabá. No obstante, en la audiencia pública contra Sánchez, el oficial de la Policía a quien el coronel había mencionado, dijo no haber tenido con él contacto alguno.

La defensa de Sánchez apeló la sentencia de la juez segunda especializada de Bogotá, Léster González, con base en tres argumentos: que la funcionaria no era competente para juzgar al oficial porque el proceso estaba radicado en Villavicencio y había sido trasladado a Bogotá sin cumplir los requisitos legales; que la juez varió la calificación del delito propuesto por la Fiscalía de Derechos Humanos, pese a que el código de procedimiento penal no lo permite, y que cuando ocurrió la masacre, la brigada Móvil 2 no tenía jurisdicción sobre Mapiripán. Por otra parte, Roberto Ramírez Quintana, asesor jurídico de Sánchez, recusó al magistrado del Tribunal Superior de Bogotá, Julio Socha Salamanca –que integra la sala de decisión final en el caso– por su condición de hermano del general (r) Gustavo Socha Salamanca, comandante de la Policía Antinarcóticos cuando sucedió la masacre.

Yo Acuso

En 2005, en vísperas de Navidad, Rafael Enrique García, ex director de Informática del DAS, se sentía perdido porque la Justicia Penal acababa de llamarlo a juicio como principal responsable de haber borrado de la memoria del organismo los antecedentes de siete narcotraficantes y paramilitares. En la soledad de la fría celda que ocupaba de tiempo atrás en uno de los pabellones de alta seguridad de La Picota, tomó una decisión que ni siquiera consultó con un abogado: comunicar a la Fiscalía que estaba dispuesto a contar la historia no revelada sobre cómo en los últimos tres años los paramilitares se habían tomado el DAS.

Su oferta fue atendida de inmediato. A las 10:24 a.m. del viernes 16 de diciembre, escoltado por guardias del Inpec, García llegó al despacho de un fiscal de la Unidad de Lavado de Activos y Extinción de Dominio, comisionado especialmente para atender la diligencia y le dijo: «Vengo dispuesto, señor fiscal, a ganarme los beneficios contemplados en las normas sobre sentencia anticipada». De ahí en adelante, durante 15 horas y en el transcurso de tres sesiones -16 de diciembre, 7 de febrero y 10 de marzo-, García, bajo juramento, dio las declaraciones más explosivas que haya recibido la Fiscalía desde el tristemente célebre Proceso 8.000.

García aseguró que el entonces director del DAS, Jorge Aurelio Noguera Cote, tenía una relación estrecha con Rodrigo Tovar Pupo, Jorge 40, y reveló que el 10% del valor de los más jugosos contratos de la entidad iba a parar a las arcas del jefe paramilitar. Sus denuncias no se detuvieron ahí. También relató cómo altos funcionarios del DAS habían entregado a las autodefensas de la Costa Atlántica una lista con los nombres de sindicalistas, estudiantes y dirigentes de izquierda que luego fueron asesinados, y confesó haber participado en la preparación de un fraude que contribuyó a elegir a siete congresistas en 2002 y a obtener cerca de 300.000 votos para favorecer a Álvaro Uribe.

Noguera y las Auc

García, uno de los primeros individuos a los que Noguera llamó para vincular al DAS después de su nombramiento en agosto de 2002, les contó a los investigadores que tenía una relación muy cercana y de más de 10 años con Noguera. «Por lo menos dos o tres veces por semana, cuando él llegaba, yo subía a su despacho a tomar capuchino -dijo García-. En esas conversaciones Jorge me contaba todo a mí».

Acto seguido, el testigo aseguró que desde cuando él llegó a la dirección de Informática del DAS, Noguera le hizo saber que su administración colaboraría con los grupos de autodefensa y en particular con los de la Costa Atlántica. «Jorge (Noguera) mantenía contactos con Hernán Giraldo -jefe del frente Resistencia Tayrona-; con David Hernández, 039, -jefe de las autodefensas del Cesar-, y con Jorge 40, que en aquel entonces era el segundo al mando en el bloque Norte -declaró García-. Algunas veces le escuché mencionar a Salvatore Mancuso, pero con este último no se qué relación tenía».

Cuando el fiscal que lo indagaba le preguntó datos precisos sobre estas relaciones, García señaló que en 2003, en la celebración de las Fiestas del Mar en Santa Marta, Noguera subió al lugar de la Sierra Nevada donde hay instaladas unas antenas de la red de televisión nacional para encontrarse con Jorge 40. «Jorge le pidió a Jorge 40. que apoyara al doctor José Fernández de Castro como su candidato a la Gobernación de Magdalena -le dijo García al Fiscal-. La comunicación entre ellos dos se realizaba a través de varios, pero específicamente por medio de Álvaro Pupo, quien es familiar de Jorge 40.. Muchas veces vi a este señor en la dirección del DAS, en Paloquemao, para visitar a Jorge».

García también contó que Noguera le filtró a Hernán Giraldo los detalles de la Operación Ciclón que la Fiscalía y la Unidad de Delitos Financieros del DAS iban a adelantar contra él y algunos miembros de su organización. Y además afirmó que Noguera se había molestado mucho porque el detective encargado de esa operación, Sigifredo Fuentes, había viajado a Santa Marta sin contarle y que por eso lo trasladó a Arauca, un destino considerado por los detectives como un castigo. Fuentes no aceptó el traslado y renunció.

Sindicalistas en la mira


Alfredo Correa D´Andreis

Tras explicar la relación de Noguera con los comandantes paramilitares de la Costa Atlántica, García abrió un nuevo y escalofriante capítulo: la muerte de sindicalistas y dirigentes de izquierda a manos de agentes del DAS y de un grupo de sicarios de las Auc.

García aseguró que a comienzos de 2004 recibió la visita de un amigo que vivía en Riohacha, que le pidió ayuda para identificar al grupo que estaba amenazando a una amiga suya, y que en el curso de las averiguaciones en la sección de Inteligencia descubrió que, en efecto, desde el DAS habían enviado a los paramilitares una lista con los nombres de 24 dirigentes -incluida la mujer- de Sintragricola, Sindeagricultores, Anthoc, Fensuagro y la Confederación General de Trabajadores, CGDT, que adelantaban actividades en Bolívar, Atlántico, Sucre y La Guajira. «Cuando averigüé por la forma como esta información se le hacía llegar al bloque Norte de las autodefensas -relató el testigo-, en Inteligencia me dijeron que era entregada por el director Jorge Noguera a Alvaro Pupo con destino a Jorge 40».

Para ampliar su grave denuncia, García dijo que en julio de 2003, por petición de las Auc, Noguera nombró a Rómulo Betancourt en la dirección del DAS en Bolívar, para sacar del camino a quienes señalaba el jefe paramilitar. Según García, en noviembre de 2003, funcionarios del DAS y miembros de las Auc enviados por Jorge 40 asesinaron a Zully Codina Pérez, enfermera del Hospital Central de Santa Marta que pertenecía a la CGDT, seccional Magdalena, y el 17 de septiembre de 2004 dieron muerte en Barranquilla al profesor Alfredo Correa D’Andreis. «Me sorprendió mucho el asesinato del profesor Correa puesto que yo había visto el listado antes de esos hechos», dijo García y destacó el hecho de que las muertes coincidieron con la llegada de Giancarlo Auqué de Silvestri a la dirección de Inteligencia del DAS, trasladado temporalmente de la Secretaría General del DAS y muy amigo de Noguera.


Zully Codina

En otro aparte de la confesión, García relató que cuando el DAS tuvo información en el sentido de que en Taganga, cerca de Santa Marta, se había conformado una célula del Eln, Noguera le comentó que le había pedido a Gloria Bornacelly, entonces directora seccional, que actuara. «Me dijo que él ya le había dicho a ella que no quería presos -aseguró el testigo-, que lo mejor era darlos de baja».

Tras agotar el tema de las listas enviadas por los paramilitares, García reveló que Noguera les exigía comisión a contratistas del DAS a cambio de más contratos, y que esos dineros eran entregados a Jorge 40. En la declaración que dio el 10 de marzo, García aseguró que en 2003 se reunió con Francisco Duque Chacón, gerente MT BASE, quien le informó que Noguera le había exigido un porcentaje sobre un contrato que estaba a punto de firmar por 3.000 millones de pesos para el suministro de equipos de comunicación. «Me dijo que él se había comprometido a darle a Jorge Noguera el 10% del contrato», contó García.

El testigo agregó que días más tarde había ido al despacho de Noguera para hablarle sobre el asunto, que éste no negó lo de las comisiones. «En tono coloquial me dijo que había hecho un acuerdo con el gerente de MT BASE y que si yo lo podía ayudar con la recepción de ese dinero -declaró el testigo-. Le dije que era imposible recibir esa suma, puesto que yo no tenía cuentas para tal fin».

Noguera insistió en buscar un mecanismo para desviar el dinero de las comisiones y se le ocurrió usar una cuenta de la esposa de García, Liliana del Castillo Ospino, propietaria de un próspero negocio de compra -venta de ropa y préstamo de dinero-. «Ella accedió a ayudarme por el hecho de ser mi esposa -afirmó García-. Le dije que podíamos aprovechar las cuentas bancarias de sus amigas y fue así como se recibieron sumas de dinero en varias cuentas personales (…) Yo les pedía que retiraran el dinero y luego se lo llevaba a Jorge a su apartamento en la carrera 7„ llegando a la calle 100 .



El testigo también sindicó a Auqué de Silvestri, entonces jefe (e) de Inteligencia y Secretario General del DAS, y dijo que se había apropiado de la comisión de un contrato por 3.800 millones de pesos para el suministro de equipos de Inteligencia. «En una ocasión, Jorge muy disgustado me dijo que Giancarlo había hecho su negocio con un contrato de la sala de interceptación por 3.800 millones de pesos -contó García-. Me dijo que Giancarlo se había apropiado de la comisión pese a que él sabía que estos dineros tenían que ser entregados a Jorge 40. Me dijo que si Jorge 40 se enteraba de que ellos estaban apropiándose de dineros producto de las comisiones de contratos, los mataría a ambos (…) Hasta ese momento me vine a enterar del destino final de esos dineros».

Finalmente, García le dijo a la Fiscalía que luego de ser capturado en enero de 2005, recibió un mensaje de Duque, gerente de la firma MT BASE, que le pedía que no lo fuera a delatar. «estaba muy asustado porque Noguera le había manifestado que esos recursos serían para grupos de autodefensa».

El revelador y explosivo testimonio de Rafael García, ex director de Informática del DAS, no sólo confirma las sospechas que de tiempo atrás rondaban entre la opinión con respecto a lo sucedido en el DAS entre 2002 y 2005, sino que además muestran la enorme gravedad de lo que allí ocurría. Si la Fiscalía logra confirmar estas revelaciones, podría convertirse en uno de los más aberrantes casos de infiltración de las organizaciones criminales en una entidad estatal.

Y no en cualquiera. Se trata, justamente, del organismo encargado de velar por la seguridad del Estado, amenazada durante décadas por los grupos armados ilegales. De seguro la Fiscalía y demás entidades de control deben interesarse en este caso -entre ellos el propio DAS, a cuya cabeza está hoy Andrés Peñate, un director con toda la credibilidad-, pues están en la obligación de atar todos los cabos de esta historia y de contarle al país hasta dónde el brazo de la mafia paramilitar penetró al DAS.

El fraude

En las declaraciones de Rafael García ante la Fiscalía aparece mencionado Enrique Osorio de la Rosa, a cuyo nombre figuraba una de las cuentas que movieron las comisiones pagadas por MT Base. Se trata de un amigo de colegio que en 2002 trabajaba en la Registraduría de Magdalena quien, según García, se convirtió en aliado clave de un fraude electoral orquestado por Jorge 40 en las elecciones parlamentarias de ese año.

Asegura García que los preparativos del fraude corrieron por cuenta del representante a la Cámara José Gamarra Sierra, quien les dijo a él y a Osorio de la Rosa que debían preparar un programa de computador para consolidar un listado de mesas de votación y nombres de electores en Cesar, La Guajira y Magdalena. » Jorge 40 había distribuido aproximadamente 21 municipios de Magdalena en una especie de distritos electorales -explicó García-. Los municipios del sur del departamento deberían votar por Luis Eduardo Vives al Senado, y por Alfonso Campos Escobar a la Cámara».

En ese pacto electoral, los municipios del centro le fueron asignados a Dieb Maloof, aspirante al Senado, y a Gamarra, que buscaba la Cámara. Los del occidente correspondían a Salomón Saade para Senado, y a Jorge Luis Caballero para la Cámara.

El plan se haría extensivo a La Guajira, para favorecer la aspiración de Jaime Ezpeleta de llegar a la Cámara; a Cesar, para elegir como senadores a Álvaro Araújo Castro y a Mauricio Pimiento, y como representantes a Miguel Ángel Durán y a Jorge Ramírez, y a Bolívar, para respaldar a William Montes. «En resumen lo que fraguaba era un fraude electoral de proporciones gigantescas -dijo García-. Para esto diseñamos un programa de computador que cargaba el censo electoral con los nombres y listaba las mesas de votación por cualquier criterio. Es decir, por mesa, por puesto, por municipio. El señor José Gamarra facilitó el dinero necesario para todo esto. Se lo entregaba a Enrique Osorio».

La operación continuó cuando el bloque Norte reunió a los registradores de los municipios señalados como objetivo y, bajo presión, los obligó a designar a los jurados que los candidatos escogieran. Los jefes paramilitares les dijeron qué debían hacer para garantizar que los votos de cada municipio correspondieran a los candidatos de Jorge 40 .

Pero García fue más allá y dijo que el fraude también se dio en las elecciones presidenciales. «Para las elecciones presidenciales también se gestó el mismo fraude para garantizar la votación por el candidato Álvaro Uribe Vélez -dijo García ante la Fiscalía-. Fue por esto que el doctor Uribe en el único departamento de la Costa en que ganó fue en Magdalena. Se le aportaron aproximadamente 300.000 votos».

Interrogado por el Fiscal sobre individuos que tuvieran conocimiento del fraude, García respondió: «Jorge Noguera, entonces director de la campaña presidencial en Magdalena; Martha Romero Villa, encargada del control electoral y actual subdirectora de la Dirección Nacional de Estupefacientes; Juan Carlos Vives Menotti, coordinador de la campaña en la Costa Atlántica y hoy Director Nacional de Estupefacientes, y Hitler Rousseau Chaverra Ovalle, coordinador de Magdalena y Cesar, y actual Consejero Presidencial para la Juventud».

García afirmó también que en algunas ocasiones los seis candidatos al Congreso respaldados por las Auc en Magdalena se reunieron con Jorge 40en la sede de la campaña uribista. Y frente a la pregunta sobre si el candidato presidencial, Álvaro Uribe, estaba enterado, el testigo contestó: «Pues la verdad quien hablaba con el candidato era Jorge Noguera, director de la campaña en Magdalena, y no sé qué tanto podría estar informado el doctor Uribe».

Los juramentos del testigo

Consultado por CAMBIO, Hitler Rousseau Chaverra, director del programa presidencial Colombia Joven, explicó que no perteneció a los cuadros de la campaña uribista y que sólo en dos ocasiones viajó a Santa Marta. «No participé en ninguna actividad proselitista. Fui para dar dos charlas académicas abiertas sobre la estructura electoral en Colombia», dijo.

«Recientemente -agregó- acudí a una declaración ante la Fiscalía y expliqué con claridad que nunca fui amigo de Rafael García y que mi relación con él fue puramente institucional cuando me
desempeñé, durante siete meses y siete días, como un modesto abogado de la oficina de contratos en el DAS. Me preguntaron qué sabía sobre un movimiento autodenominado La Provincia Unida y dije, porque así es, que jamás supe de su existencia».

Habla Noguera

Desde su oficina del Consulado de Colombia en Milán, Italia, el ex director del DAS Jorge Noguera, dijo que no responderá a las denuncias de Rafael García y, aunque eludió contestar las preguntas de CAMBIO, declaró:

«NO ME IMPORTA lo que diga de mí un delincuente como Rafael García».

«GARCÍA ES CAPAZ de vender a la mamá para salirse con la suya. Sus afirmaciones son producto de un cuento viejo».

«SUS PALABRAS deben tener para el país la misma credibilidad que en su momento tuvieron las de Pablo Escobar».

«DESDE HACE MUCHO tiempo le he pedido a la Fiscalía que oiga mi declaración para cerrar definitivamente este capítulo».

«DESCONFÍO DE LOS PERIODISTAS colombianos porque me han hecho mucho daño. Publiquen lo que quieran».

Los peros al testigo

Aparte de la inminente condena por haber borrado el pasado criminal de algunos delincuentes, Rafael García está sindicado de lavado de activos. En enero de 2005, agentes del DAS pusieron en su computador un dispositivo denominado `husmeador’ para monitorear sus correos electrónicos y comprobaron que se comunicaba con varios individuos, incluida una hermana suya en España, con el objeto de organizar el envío e ingreso a Colombia de fuertes cantidades de euros.

García culpó a Ariel Garzón, uno de sus subalternos, y para hacerlo se apoyó en el hecho de que la mayoría de los mensajes le llegaba a éste. Como varios de ellos estaban firmados por su hermana, García le aseguró a la Justicia que no sabía que entre ella y Garzón existiera una relación tan estrecha.

Cuando Garzón fue llevado a indagatoria juró, entre sollozos, que García lo obligaba a ir al aeropuerto Eldorado, con agentes de confianza, para recoger las remesas. «Rafael me amenazaba con que me haría echar –dijo-. Yo me ganaba dos millones de pesos, era mi primer trabajo y no quería perderlo».

La Fiscalía también le rastrea varios bienes a García en la Costa Norte. Hay evidencia de que compró un restaurante en Barranquilla y un exclusivo apartamento en otra ciudad, negocio en el que cubrió las arras con un cheque girado por MT BASE, la misma firma que él dice que le pagaba millonarias comisiones al entonces director del DAS con destino a Jorge 40.

«Así tumbamos el avión»

Confesión de uno de los guerrilleros que derribaron el avión norteamericano y vio cómo sus compañeros asesinaban a un colombiano y a un estadounidense.

Fidel Casallas Bastos Díaz -o Pedro, como lo llamaban en las Farc- cayó en poder del Ejército la noche del viernes 14 de febrero, un día después de que la columna del tercer frente de las Farc a la que pertenecía derribó una avioneta que realizaba tareas de inteligencia para el Gobierno de Estados Unidos. Casallas había recibido la misión de sembrar de explosivos la zona montañosa aledaña a la vereda Alejandría, distante 60 kilómetros de Florencia, la capital de Caquetá, para retrasar el avance de las patrullas del Ejército que buscaban a los guerrilleros que después de derribar la aeronave asesinaron a un asesor estadounidense y a un militar colombiano y secuestraron a tres extranjeros más.

Casallas cumplió buena parte de su misión, pero no tardó en caer en desgracia porque una mina quiebrapatas explotó entre sus manos. Sus compañeros lo recogieron, pero al anochecer, cuando intentaban sacarlo de la región de Santana de las Hermosas, fueron sorprendidos por el Ejército. El subversivo herido era llevado en una hamaca improvisada cuando uno de los centinelas de la base militar instalada en la región advirtió los movimientos del grupo. Su voz de alto fue respondida con fuego en medio de la oscuridad. Cuando cesó el choque armado el centinela encontró que el herido había sido abandonado por sus compañeros. Este hombre, de 25 años, fue testigo de excepción de la muerte del estadounidense Thoms J. Jaines, asesor de operaciones de inteligencia, y del sargento del Ejército Luis Alcides Cruz, asesinados con tiros de gracia no lejos de donde quedaron los restos humeantes de la aeronave.

«El día que la bajamos estaba pagando… estaba pagando porque iba bajitica y como ladeada. Ahí fue cuando nos dieron la orden de disparar, de hacerle una cortina de fuego para que no pudiera pasar.» Fidel Casallas Bastos Díaz, guerrillero detenido.

En el momento de su captura el guerrillero tenía esquirlas de explosivos en la cara, en las piernas y en los brazos. No podía caminar bien y fue necesario llevarlo a un centro de sanidad militar de la XII Brigada con sede en Florencia. Casallas ensayó primero varias versiones ante las autoridades. En sus interrogatorios iniciales en la Fiscalía se presentó como un campesino de la región que había resultado herido al pisar una mina quiebrapatas, pero no consiguió explicar por qué un artefacto de esa naturaleza no le había fracturado o cercenado alguna de las piernas. Sus lesiones parecían más bien propias de quien sufre las consecuencias de la explosión de una mina que él mismo estaba armando. Sus manos estaban laceradas y fue necesario amputarle un dedo. Posteriormente dijo que el avión que se estrelló en el cerro había estado bombardeando y que allí él y otros lugareños habían sido alcanzados por las esquirlas. Sin embargo, no había ninguna otra persona reportada en la región con lesiones por explosivos.

LA CONFESIÓN

Casallas se empecinó en negar cualquier vínculo con las Farc, hasta cuando fue enterado de que un uniforme de campaña, con su nombre de combate bordado en él, apareció al lado de algunas armas y explosivos descubiertos cerca al lugar de su aprehensión. El temor que reflejó frente a investigadores de la justicia penal contrastó entonces con la confianza con la que habló con los soldados y miembros de inteligencia de las Fuerzas Militares que lo entrevistaron mientras todavía se hallaba convaleciente.

Ante ellos terminó por admitir que hizo parte de la columna que rodeó el avión, que su misión consistía en sembrar minas para cubrir la retirada de los compañeros que estaban a cargo de los rehenes y que en esas estaba cuando explotó una mina que intentaba sembrar. Agregó que como su tarea implicaba rezagarse del grupo, pudo ver cuando un guerrillero, que él sólo identificó como Julián, recibió la orden de darle el llamado tiro de gracia al asesor estadounidense cuando su condición crítica ya prácticamente no le permitía moverse. «Era muy difícil responsabilizarse por un herido así teniendo al Ejército encima. De no haber sido por eso no creo que lo hubieran matado -relató el subversivo herido-. Después le escuché decir al reemplazante de mi escuadra que le habían dado al otro herido -el suboficial colombiano- porque no quería moverse y gritaba que prefería que lo mataran».

Según Casallas, la columna rebelde que atacó el avión HK 116 G mientras volaba a baja altura el cerro de Alejandría, había recibido una alerta previa de que posiblemente en el área estaría el avión fantasma, la famosa aeronave que acude en misiones de apoyo de las tropas de superficie cuando algún pueblo ha sido tomado. «Una vez emplazamos allí mismo unos cohetes y estuvimos esperando el avión. Como el bicho dizque no hace ruido había que estar mirando permanentemente a ver si se podía ver. Pero nada. A la avionetica en cambio la veíamos seguido y por radio se había recibido la consigna de que había que estar pilas porque ahí iba gente gringa, de los que mandan en la fumigación de coca. El día que la bajamos estaba pagando… estaba pagando porque iba bajitica y como ladeada. Ahí fue cuando nos dieron la orden de disparar, de hacerle una cortina de fuego para que no pudiera pasar… Echó humo y se vino abajo, pero el motorcito de algo le sirvió al piloto, que se dio mañas de aterrizarla donde el golpe no fuera tan duro».

TESTIGOS DE EXCEPCIÓN

El testimonio de Pedro promete llenar las lagunas que dejaron las declaraciones de campesinos de la región, que dicen haber visto cuando Jaines y Cruz salieron vivos del avión. Según ellos, John Jaines estaba incluso consciente cuando sus compañeros de viaje lo sacaron de entre los restos del avión que acababa de caer, partido en dos, sobre la colina. En ese momento ya habían cesado las ráfagas de fusil y ametralladora que retumbaron en el cañón del río Orteguaza y que acompañaron la aparatosa maniobra de aterrizaje de emergencia del monomotor. De repente aparecieron varios guerrilleros, que bajo la presión de las armas obligaron a dos de los sobrevivientes a suspenderle la ayuda a Jaines, que luchaba por mantenerse en pie. El estadounidense -les dijeron los campesinos a los investigadores- logró dar por si sólo algunos pasos, pero tuvo que apoyarse en un árbol para no irse de bruces. Tres guerrilleros lo recogieron y lo llevaron prácticamente a rastras hacia la rivera del río.

«Se pudo establecer que la aeronave fue blanco de 35 proyectiles, disparados en arma (s) de fuego tipo fusil o ametralladora, entre las cuales se encuentra el calibre 5.56 mm (…).» Dictamen de balística de la Fiscalía.

El suboficial del Ejército colombiano Luis Alcides Cruz no se encontraba en peor condición. Según el testimonio de una campesina, el militar estaba ensangrentado cuando salió del avión, pero podía valerse por sí solo. Incluso corrió con el resto del grupo cuando los hombres de las Farc les dijeron que había que moverse rápido de allí porque iban a quemar lo que había quedado de la aeronave.

Poco después de las 8:00 a. m. de ese jueves, la testigo y otros habitantes de las veredas Alejandría y Año Nuevo se acercaron hasta el lugar atraídos por el fuego y por el estruendo del accidente y vieron por primera y última vez con vida a Jaines y también a Cruz. Dos horas después de la caída de la avioneta, tropas de la compañía Corea del XII batallón de contraguerrilla, Diosa del Chairá, encontraron sus cadáveres.

Jaines tenía un tiro de pistola 9 milímetros en la cabeza. Su cuerpo apareció en la mitad de la falda del cerro, a un kilómetro y medio del descampado donde estaban los restos aún humeantes de la avioneta. El cadáver de Cruz fue hallado 700 metros más abajo. Tenía una herida de similares características. «Dos están muertos con tiros de gracia», confirmarían las propias Farc en una de sus conversaciones radiotelefónicas rastreadas por las autoridades el mismo día de los hechos y publicadas por CAMBIO en su edición de la semana pasada. Así lo reconfirmaría el guerrillero Casallas, el principal testigo de excepción.

SUSTO POR LOS HELICÓPTEROS

Hasta hoy la única persona que ha visto a los tres estadounidenses secuestrados es José de Jesús Corrales. Él cuenta que oyó desde su casa los disparos y la explosión y supo por los trabajadores de una finca cercana a la suya que un avión había caído cerca de una cañada del Orteguaza. Luego confirmaría de lo que se trataba. Unos 40 guerrilleros, según sus cálculos, llegaron poco antes del mediodía a su casa para pedir agua y algo de comer. Llevaban consigo a tres rehenes y no ya a los cinco de los que hablaban las primeras noticias en la comarca. «Los guerrilleros llevaban a tres señores monos… Cuando me pidieron agua para beber yo no les podía decir que no porque estaban armados. Tampoco podía preguntar nada», declaró Corrales a los miembros de una comisión investigadora que lo interrogó al día siguiente.

Corrales vivió un momento crítico cuando guerrilleros y secuestrados se encontraban en el solar de su casa. Helicópteros militares hicieron sobrevuelos a muy baja altura. Quien parecía ser el jefe de la escuadra guerrillera metió a los rehenes a la casa y los demás se protegieron en la parte de atrás. «Cerré los ojos para esperar algún bombardeo o una pelea a tiros en la que íbamos a morirnos todos, pero los helicópteros se alejaron muy rápido», añadió.

» Los guerrilleros llevaban a tres señores monos… Cuando me pidieron agua para beber yo no les podía decir que no porque estaban armados.» José de Jesús Corrales, testigo.

Algunos de los testigos mejor calificados acompañaron hasta el cerro a la comisión investigadora que aprovechó para hacer una primera reconstrucción de los hechos y para evaluar las condiciones en las que cayó la avioneta que se encontraba abonando el terreno para una misión de inteligencia que tenía como blanco las mismas Farc. Si las conversaciones monitoreadas por las agencias de seguridad y los relatos de habitantes de Alejandría y Año Nuevo sobre el ataque armado contra la avioneta de la misión colombo-estadounidense dejaba alguna duda sobre la intención expresa de la guerrilla de derribar la nave, el informe de los peritos se encargaría de despejarlas por completo. Un aparte sustancial de su informe dice lo siguiente: «De acuerdo con los resultados del presente estudio balístico, teniendo en cuenta las características generales de los orificios hallados en la aeronave inspeccionada, se pudo establecer que la misma fue blanco de 35 proyectiles, disparados en arma (s) de fuego tipo fusil o ametralladora, entre las cuales se encuentra el calibre 5.56 mm (…)».

Estas son, por ahora, las piezas con las que cuentan las autoridades para confirmar, sin dejar espacio para las dudas, que la acción de las Farc fue a mansalva y sobre seguro. Una acción que ha puesto a Washington a pensar en la posibilidad de ampliar su presencia militar en Colombia. El guerrillero preso quedará confinado en el pabellón de máxima seguridad de la Penitenciaría Nacional de la Picota en Bogotá y afrontará varios procesos que seguramente agravarán su situación jurídica debido a que participó en una acción insurgente que afectó intereses de Estados Unidos.